martes, mayo 5

Los Mitos Solares de la Medicina 06 - El Sol del Atardecer, El Declinar

El Sol del Atardecer, el Declinar


El aspecto paliativo y curativo de la Medicina se expresa precisamente en los mitos del Sol Sufriente, del Sol que decae y se aproxima al atardecer de su recorrido. La decadencia de todos los seres vivos se constituye en punto de partida del análisis filosófico, de la asunción de la transitoriedad de la vida. El sabio, es aquél que puede comprender esta realidad, quien realmente puede asimilarla, y hacer de ello el punto de partida para explorar lo metafísico, aquello que está más allá de la puesta del Sol. El Sabio se asimila en su papel al Médico Ideal.

En la Medicina Taoista, el sabio es aquel que ha aprendido a controlar las fuerzas de la vida, a trascenderlas volcándolas en otra vida superior, procurando que no sean arrastradas hacia la aniquilación de lo intrascendente y mortal. La alquimia taoista tiene como objetivo preservar las semillas de la creación física, para dar nacimiento a las semillas de la creación espiritual, el elixir de la vida inmortal, tema repetido tanto en la alquimia oriental como en la occidental, y símbolo presente también en el dios de la medicina budista. 


Este Elixir de la Inmortalidad, se convierte pues en el eje de la búsqueda del sabio-médico, quien del mismo, no sólo puede extraer la posibilidad de la inmortalidad, sino también el secreto, puesto que esa es la causa, para detener la decadencia, o mejor aún de renovar las fuerzas vitales. Se trata de la obtención de la eterna juventud, aspecto que ha sido muchas veces malinterpretado, pues no se trata de la juventud física, sino la del alma que se descubre a sí misma como eterna, y por lo tanto siempre joven: el elixir de la inmortalidad sería más bien la conquista de la conciencia que podría así sentirse una y continúa sin verse afectada por los cambios transitorios de sus vehículos físicos y perecederos.

En toda la tradición china, la longevidad es característica propia del sabio, y éste conquista aquella por medio de su fiel adhesión a las leyes naturales, al Tao, por ello el sabio no evita la muerte, sino que coexiste con ella, conoce sus mecanismos, y adapta su vehículo consciente a la supervivencia más allá de la muerte del cuerpo físico.

La figura del sabio médico y alquimista, quien poseyendo el Elixir de la Inmortalidad, carecía sin embargo de un simple trozo de suelo donde posar su cabeza, se repite en infinidad de mitos y leyendas, de alquimistas-médicos y sabios, occidentales y orientales: Rhazis, Paracelso, Ibn Sina, Artephius, etc. Incomprensiblemente, para la mayoría, estos sabios mueren finalmente solos y aquejados por la enfermedad y la pobreza, aquellos que precisamente salvaron tantas vidas, y quienes poseían las llaves de la muerte y la vida. En realidad ellos ya habían muerto muchos años atrás, y el último episodio de sus vidas sólo consistió en dejar atrás sus marchitas vestiduras.

Paracelso
Con el Sol que declina, con el Osiris sufriente que se dirige al ocaso, aparecen también los mitos de las Isis dolientes, de las diosas compasivas, aquellas que curan, lavan, y secan las heridas, calman los corazones, las que amortajan, las señoras de la buena muerte, las compasivas almas que acompañan en el dolor. 

Quizá en esos momentos, cuando ya el curso de las cosas no puede cambiarse, o cuando la espera se hace necesaria, la mayor ayuda que se puede dar al enfermo surge del Amor, de la compasión del alma sincera y generosa que promueve mecanismos secretos de curación y alivio en el ser humano, ya sea esta la curación de la enfermedad o facilitar el acceso a aquella “otra salud” que es la salvación confiada, el paso a la otra vida sin excesivos traumatismos psicológicos, con la confianza y la fe intactas. Isis, Panacea, Iaso, Hygea, son pues las diosas de la enfermería, son otros tantos mitos que infunden la esperanza necesaria al que sufre. 

Isis, madre que cura y cuida al pequeño huérfano Horus, se constituye así entre los Antiguos Egipcios en modelo del socorro para el sufriente abandonado, sus oraciones imploran su ayuda al tiempo que se identifica con el pequeño dios halcón.


En la Medicina Budista, el Buda Azul Lapislázuli de la Medicina, es también la última esperanza, la última ayuda. Lleno de compasión infinita, renuncia al Nirvana, para que todos puedan alcanzar la liberación, y tras hacer doce votos que le comprometen a permanecer al lado de los seres humanos hasta que todos estén salvos y sanos, hace que el mantra que invoca su nombre sea repetido por doquier, pues si un hombre pudiese recordar en el momento culminante de la enfermedad, en medio del dolor más profundo, incluso en el umbral mismo de la muerte, su nombre, será salvado, a condición de que cumpla durante toda la vida los buenos preceptos, las buenas obras. 

Recordar el nombre del Buda Azul Lapislázuli, es llevarlo en el corazón, es hacerlo una fuerza activa en la vida llena de compasión, generosidad y amor por los demás, por eso, de forma natural, en el último momento los pensamientos se vuelven a lo que fue el ideal de vida, y por ello mismo el enfermo se salva, para poder así encarnarse otra vez como hombre, pues no es fácil para un alma tener ese privilegio, este regalo divino de nacer, padecer y trascender los lazos de la carne. El Hombre, escuela única, campo de batalla incomparable, es el privilegio de las almas benditas, es la ocasión, incluso para el mismo Buda Azul, de redimirse.

Continuará


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