jueves, abril 30

Los Mitos Solares de la Medicina 03 - La Revelación de la Medicina China Ancestral

El Sol del Amanecer
La Revelación de la Medicina China Ancestral


Otro ejemplo del amanecer de la Medicina lo recogemos de la Tradición China. También ésta fue el resultado de una revelación. 

Se dice que el sabio rey Fu Hi, un ser semidivino cuya figura surge esplendorosa en la bruma de los tiem­pos ancestrales, trató de buscar en toda la naturaleza los poderes curativos y sus conocimientos ocultos, sin embargo su búsqueda no se vio recompensada hasta que cierta revelación le fue comunicada de forma extraordinaria: sentado meditando cerca de la orilla de un río, vio surgir súbitamente del mismo un Dragón que tras pasearse alrededor desapareció de nuevo. 

En su cuerpo tenía grabados extraños signos, que el emperador copió cuidadosamente, estos conformaron las claves fundamentales de los trigramas y hexagramas chinos, bases de tanto de la filosofía, como de la ciencia y medicina de la Antigua China. Los dragones en China, y en todo el Lejano Oriente, eran símbolos de la Sabiduría Oculta, de los Maestros e Instructores de las logias secretas.

Otras tradiciones atribuyen la transmisión de estas enseñanzas a otros emperadores míticos como Huang Ti, el Emperador Amarillo, quién enseñó a la humanidad la forma de restablecer la salud primigenia, pues, tal como puede verse en el canon de la medicina china, el Nei- King, el emperador Huang Ti comunica a su primer ministro los secretos de la Ciencia de las Agujas, o sea la acupuntura y el uso de plantas medicinales.

Huang Ti, el Emperador Amarillo
El emperador cuenta que el hombre había ido decayendo progresivamente desde la época de los sabios antiguos, quienes podían vivir casi eternamente porque ajustaban su vida al Tao o equilibrio primordial, hasta que en tiempos posteriores la humanidad se degradó, adquiriendo una condición enfermiza, que hacía que los hombres ya no pudieran alcanzar una edad superior a los cincuenta años de edad. 

Este es un tema que se repite también en otros mitos: el restablecimiento de una salud de la que el hombre gozaba en los primeros tiempos. Una repetición del mismo tema es la que hoy puede observarse en relación con un supuesto estado de salud natural de los aborígenes del Amazonas y otras zonas del planeta, que el hombre moderno y su civilización habría corrompido. Es el mismo mito de la Caída, repetido y distorsionado en la Biblia, donde el origen de la enfermedad es el resultado de la pérdida de un estado original de pureza.

Obviamente la antropología y la arqueología negarán esa posibilidad de que el hombre haya tenido una mejor salud y que hubiese gozado de una larga vida. No obstante cabe hacer algunas observaciones. 

Primero, esta idea es general en muchas otras leyendas y tradiciones, la misma Biblia menciona a los patriarcas alcanzando edad muy avanzada. La misma tradición encontramos en el antiguo Egipto, donde se habla de monarquías legendarias de seres semidivinos que vivieron durante muchos años.  En la India se mencionan edades primigenias doradas, a las que sucedieron otras más oscuras, y entre los griegos se habla de una época de oro, luego de plata, de bronce e hierro. Incluso el Corán habla del hombre como preexistente en un estado superior antes de su caída. Del Tibet recogemos también en las estancias de Dzhyan, recogidas por H.P. Blavatsky,  la idea de razas humanas antediluvianas inmortales, que fueron seguidas por otras más materiales y de vida más corta. En la tradición budista, en el llamado Dulva en su volumen quinto, se relata algo parecido, una humanidad éterea que poco a poco fue materializándose y volviéndose más egoísta.

Quizás todos esas historias apunten a ciclos muy antiguos de la humanidad, desconocidos para la ciencia, en que los hombres eran menos materiales y con ciclos vitales más longevos.


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